La Guerra de Sucesión y el Tratado de Utrecht
Imagina que España se convierte en el campo de batalla de toda Europa por decidir quién será rey. Esto es exactamente lo que pasó cuando murió Carlos II sin hijos en 1700.
Felipe de Anjou (nieto de Luis XIV de Francia) y el archiduque Carlos de Austria se disputaron el trono español. Europa se dividió: Francia apoyó a Felipe, mientras que Inglaterra, Austria y Holanda formaron la Alianza de La Haya para evitar que Francia y España se unieran bajo un mismo rey.
La guerra fue brutal. Los ingleses tomaron Gibraltar en 1704 (y ahí sigue), mientras que el archiduque Carlos conquistó los territorios de la Corona de Aragón. Todo cambió en 1707 con la Batalla de Almansa, donde Felipe V derrotó definitivamente a sus rivales.
El Tratado de Utrecht (1713) puso fin al conflicto. Felipe V se quedó como rey de España, pero tuvo que renunciar a cualquier posible unión con Francia. España perdió Gibraltar y Menorca, que pasaron a manos inglesas, además de ceder importantes privilegios comerciales.
Dato clave: Cataluña resistió hasta el 11 de septiembre de 1714, fecha que hoy se celebra como la Diada catalana.
Los Decretos de Nueva Planta: España se Centraliza
Con la victoria, Felipe V decidió castigar a los territorios que habían apoyado al archiduque Carlos. Los Decretos de Nueva Planta eliminaron los fueros y privilegios tradicionales de Aragón, Valencia y Cataluña.
España pasó de ser una monarquía federal a una monarquía absolutista centralizada. Se suprimieron las fronteras internas (excepto en el País Vasco y Navarra, que habían apoyado a Felipe V) y se impuso el modelo castellano en todo el reino.
La nueva administración se organizó con cinco secretarios de despacho que controlaban diferentes áreas del gobierno. El territorio se dividió en provincias dirigidas por capitanes generales (poder militar), audiencias (poder judicial) e intendentes (poder económico).








