La organización del mundo islámico: Poder, comercio y sociedad
El califato funcionaba como una monarquía absoluta donde el califa era jefe político y religioso a la vez. Como jefe político gobernaba, administraba justicia y dirigía el ejército; como jefe religioso presidía la oración de los viernes. El imperio se dividía en provincias llamadas koras, gobernadas por un emir o valí, con ayuda del visir (primer ministro) y los cadíes (jueces).
La economía islámica era súper avanzada. La agricultura era la base, pero introdujeron cultivos revolucionarios como la caña de azúcar, algodón, cítricos y especias. Mejoraron las técnicas agrarias con norias, acequias y cultivos en terrazas. El comercio era impresionante: controlaban las rutas entre Europa y Oriente, especialmente la ruta de la seda y de las especias.
La artesanía floreció en grandes centros como Damasco, Bagdad y Córdoba, produciendo cuero, cerámica, textiles, alfombras, perfumes y papel. Los musulmanes fueron los primeros en Europa en fabricar papel, una innovación que revolucionó la cultura.
La sociedad musulmana era muy diversa: convivían musulmanes, cristianos y judíos. Los árabes formaban la casta privilegiada con poder político y militar, los muladíes (conversos al islam) estaban exentos de impuestos, y los dimíes (cristianos y judíos) eran poblaciones protegidas que mantenían su religión. Las mujeres vivían bajo la tutela masculina, recluidas en casa y su función principal era atender el hogar y los hijos.
¡Revolución comercial! Los musulmanes crearon las primeras letras de cambio y bancos, revolucionando el sistema financiero mundial.