Del Antiguo Régimen al Liberalismo
¿Te imaginas vivir en una sociedad donde tu destino depende de si naciste noble o plebeyo? Así era el Antiguo Régimen: una monarquía absoluta donde el rey tenía todo el poder y la sociedad se dividía entre privilegiados (nobleza y clero) y el resto. La economía se basaba únicamente en la agricultura, sin apenas comercio ni industria.
Todo esto cambió con el liberalismo político, que defendía que no todos los privilegios deberían venir por nacimiento. Había dos tipos principales: el liberalismo moderado compartía el poder entre el rey y las Cortes, pero solo los hombres ricos podían votar (sufragio censitario). El liberalismo progresista era más radical: defendía la república, el poder del pueblo y que todos los hombres pudieran votar.
El liberalismo económico también revolucionó la forma de entender el dinero. Siguiendo las ideas de Adam Smith, defendía el libre mercado y la propiedad privada basada en la ley de oferta y demanda. Esto contrastaba con sistemas anteriores como el mercantilismo (que medía el poder por los metales preciosos) y la fisiocracia (que veía la agricultura como única fuente de riqueza).
¡Dato curioso! El sufragio "universal" masculino del liberalismo progresista seguía excluyendo a las mujeres. ¡La verdadera igualdad tardaría mucho más en llegar!





