La fragmentación del Imperio Romano y los pueblos germánicos
Imagínate el Imperio Romano como un puzzle gigante que se rompe en mil pedazos. Eso es exactamente lo que pasó en el año 395 cuando el emperador Teodosio dividió el imperio en dos partes: Occidente y Oriente.
Los pueblos germánicos aprovecharon esta debilidad para establecer sus propios reinos por toda Europa. Los visigodos se instalaron en la Península Ibérica, los ostrogodos en Italia, y los francos en la actual Francia. Cada pueblo tenía su propio rey hereditario que gobernaba con la ayuda de condes y duques.
El Reino Visigodo fue especialmente importante para nosotros, con Toledo como capital. Su sociedad era principalmente rural, dedicada a la agricultura y ganadería. Nos dejaron un arte único con pequeñas iglesias de piedra, el famoso arco de herradura y preciosas obras de orfebrería.
💡 Dato curioso: Los monasterios se convirtieron en los "discos duros" de la época, conservando toda la cultura romana que se habría perdido para siempre.





