El fin del Imperio Romano y el comienzo de la Edad Media
¿Qué pasó con el poderoso Imperio Romano? A partir del siglo III, el Imperio de Occidente enfrentó graves problemas que debilitaron su estructura. Las fronteras se volvieron vulnerables ante los ataques de los pueblos germánicos (llamados "bárbaros"), mientras que internamente los emperadores perdían autoridad debido a frecuentes golpes de estado. Económicamente, la escasez de esclavos provocó una caída en la producción agrícola y minera.
En el año 395, el emperador Teodosio dividió el imperio entre sus hijos: Arcadio recibió Oriente y Honorio Occidente. Los pueblos germánicos, huyendo de los hunos, buscaron refugio en territorio romano. Con el tiempo, estos pueblos, que carecían de escritura y leyes formales, fueron ganando poder. Finalmente, en 476 d.C., Odoacro depuso al último emperador romano, Rómulo Augústulo, marcando así el fin del Imperio Romano de Occidente.
Tras la caída de Roma, el Mare Nostrum (Mar Mediterráneo) se fracturó en tres grandes civilizaciones: los reinos germánicos en el oeste, el Imperio Bizantino en el este, y el Islam en el sur. Los reinos germánicos más importantes fueron el Imperio Carolingio y el Reino Visigodo. La población abandonó las ciudades, lo que provocó un cambio hacia el sistema feudal.
💡 ¿Sabías que? El Imperio Romano mantuvo una unidad asombrosa con la misma lengua, moneda y leyes en todo su territorio. Las calzadas romanas conectaban puntos tan distantes como Hispania (España) y Mesopotamia (Irak), facilitando el comercio y las comunicaciones.




