La Unificación Italiana
¿Cómo se convierte un mosaico de pequeños estados en una potencia europea? Italia lo consiguió en apenas once años (1859-1870) gracias a tres hombres extraordinarios.
La península estaba fragmentada: el norte bajo dominio austriaco, los Estados Pontificios en el centro, el Reino de las Dos Sicilias en el sur... Pero existía una lengua común y un sentimiento de identidad compartida que el Reino de Piamonte supo aprovechar.
Los artífices fueron Víctor Manuel II (rey de Piamonte), Cavour (su primer ministro y genio diplomático) y Garibaldi (el revolucionario de acción). Cada uno aportó algo esencial: legitimidad monárquica, habilidad política y carisma popular.
La unificación tuvo tres fases clave. En 1859, Cavour convenció a Francia para luchar contra Austria y ganó Lombardía. En 1860-1861, Garibaldi y sus "camisas rojas" conquistaron el sur, y se proclamó el Reino de Italia. Finalmente, Venecia (1866) y Roma (1870) completaron la unificación.
El truco de Cavour: Usó la diplomacia europea brillantemente. Apoyó a Francia contra Austria, luego a Prusia contra Austria, y aprovechó la guerra franco-prusiana para tomar Roma.
En 1870, Italia era una realidad. Roma se convirtió en la capital, aunque el Papa no reconoció la pérdida de sus territorios hasta 1929.