Los tejidos vegetales: meristemos y epidermis
¿Sabías que las plantas crecen durante toda su vida? Esto es posible gracias a unos tejidos súper especiales llamados meristemos.
Los meristemos son como las células madre de las plantas. Son células pequeñas, muy empaquetadas y con una capacidad increíble: pueden transformarse en cualquier tipo de tejido adulto (son totipotentes). Se dividen constantemente, por eso las plantas nunca paran de crecer.
Existen dos tipos principales: los meristemos primarios (en las puntas de raíces y tallos) que hacen crecer la planta a lo largo, y los meristemos secundarios (repartidos por toda la planta) que la hacen engordar después del primer año.
¡Dato curioso! Una sola célula de meristemo puede dar origen a hojas, flores, raíces... ¡Es como tener un superpoder celular!
Los tejidos dérmicos protegen la planta del exterior. La epidermis es como la piel de la planta joven, con estructuras geniales como los estomas (para intercambiar gases) y los tricomas (que secretan sustancias). La peridermis reemplaza a la epidermis cuando la planta envejece, formando el corcho que vemos en los árboles.































