Del Paleolítico a los Visigodos: Los Cimientos de España
El proceso de hominización en la península ibérica comenzó hace millones de años. Durante el Paleolítico, nuestros antepasados eran nómadas que vivían de la caza y la recolección. Los restos más famosos los encontramos en Atapuerca, donde se han descubierto fósiles de Homo neanderthalensis que nos cuentan cómo era la vida entonces.
Las famosas pinturas rupestres del Paleolítico Superior, como las de Altamira, no eran solo decoración. Representaban animales con un naturalismo impresionante y probablemente tenían un significado ritual relacionado con la caza. Imagínate a esos artistas prehistóricos pintando a la luz de antorchas.
Todo cambió en el Neolítico cuando nos volvimos sedentarios. La agricultura y la domesticación de animales revolucionaron la forma de vida, y aparecieron las primeras cerámicas. Fue el inicio de la civilización tal como la conocemos.
Los pueblos prerromanos diversificaron el panorama: celtas en el norte, íberos en el este y sur, y celtíberos en el centro. Las colonizaciones mediterráneas trajeron avances técnicos cruciales: los fenicios fundaron Cádiz, los griegos introdujeron la vid y el olivo, y los cartagineses establecieron Cartagena.
¡Dato curioso! Los fenicios no solo fundaron ciudades, también nos enseñaron técnicas de salazón que aún usamos para conservar pescado.
La romanización de Hispania fue un proceso gradual pero profundo. Tras las Guerras Púnicas y las conquistas sucesivas, Roma transformó completamente la península con su administración, urbanismo, derecho y infraestructuras como acueductos y calzadas.
La monarquía visigoda (siglo VI-VIII) logró tres unidades fundamentales: territorial bajo Leovigildo, religiosa con Recaredo (conversión al catolicismo), y jurídica con Recesvinto. Sin embargo, todo terminó en 711 con la batalla de Guadalete y la llegada de los musulmanes.


































