Las Regencias de Isabel II y las Guerras Carlistas
Imagínate la España de 1833: una niña de apenas 3 años se convierte en reina tras la muerte de su padre Fernando VII. Isabel II necesitaba una regencia, pero no todos aceptaban que una mujer pudiera gobernar.
El conflicto arrancó cuando Fernando VII eliminó la Ley Sálica con la Pragmática Sanción de 1830, permitiendo que las mujeres heredaran el trono. Esto enfureció a su hermano Don Carlos, que se consideraba el legítimo heredeero.
Durante la regencia de María Cristina , los liberales regresaron del exilio para apoyar a Isabel frente a los carlistas. Se creó el Estatuto Real de 1834, que dividió a los liberales en dos bandos: los progresistas (que querían más poder para las Cortes) y los moderados (que preferían compartir el poder con la Corona). La Constitución de 1837 amplió los derechos y estableció el sufragio masculino para elegir alcaldes.
Los carlistas, liderados por Don Carlos, defendían el Antiguo Régimen y recibían apoyo de las zonas rurales del norte. Esto desencadenó tres guerras carlistas que ensangrentaron España durante décadas. La primera fue la más devastadora, terminando con el Convenio de Vergara.
Dato clave: La desamortización de Mendizábal (1837) vendió las tierras de la Iglesia para financiar la guerra, creando tensiones duraderas entre el Estado y la Iglesia.




































