Los Factores de la Romanización Hispana
¿Te has preguntado alguna vez por qué hablamos español y no otra lengua completamente diferente? La respuesta está en la romanización, el proceso por el cual Roma transformó Hispania desde finales del siglo III a.C. hasta el siglo V d.C.
La división provincial fue la primera estrategia de control. En el 197 a.C., Hispania se dividió en dos provincias: Citerior (capital en Tarraco) y Ulterior (capital en Córdoba). Con Augusto, el mapa cambió: surgieron la Tarraconense, Lusitania y Bética. Cada provincia tenía conventos jurídicos para recaudar impuestos y reclutar soldados.
Las ciudades romanas siguieron el modelo ortogonal con dos calles principales: el cardo norte−sur y el decumano este−oeste. Había civitates (ciudades preexistentes) que podían ser aliadas, libres o estipendarias, y colonias de nueva fundación como León.
¡Dato curioso! Las ciudades romanas tenían todas las funciones: administrativa, política, económica, religiosa, cultural y militar. ¡Eran auténticos centros de poder!
La economía romana explotó intensamente los recursos peninsulares. Hispania se convirtió en la provincia minera más importante del imperio, con minas de oro en Las Médulas gestionadas por funcionarios estatales. La agricultura mejoró con el arado romano y sistemas de regadío, cultivando la tríada mediterránea: vid, olivo y cereales.