La Europa feudal y las monarquías
En los siglos IX y X, Europa sufrió nuevas invasiones que generaron violencia y terror. El continente estaba formado por reinos independientes con fronteras cambiantes, donde todos compartían la religión cristiana (católica y ortodoxa), aunque el comercio, intercambio y comunicación entre territorios eran limitados.
Los monarcas medievales tenían poco poder real y contaban con ejércitos reducidos. No cobraban impuestos regulares y viajaban constantemente con su corte por sus dominios. Para gobernar, se apoyaban en la Curia Regia o Consejo Real, un grupo de personas que les ayudaba en las tareas de gobierno y fortalecía sus lazos con la nobleza.
La sociedad feudal se organizaba de forma piramidal con el rey en la cúspide, seguido por la nobleza (alta y baja) y el clero, mientras que en la base se encontraba el pueblo llano (campesinos, siervos, esclavos, artesanos y comerciantes).
💡 El pacto de vasallaje era fundamental en esta sociedad: un noble juraba fidelidad al rey (convirtiéndose en su vasallo) y el rey le concedía un feudo. Esta estructura se reproducía, ya que los nobles podían tener a su vez otros nobles como vasallos.