La Fragmentación del Imperio Romano
Imagínate el Imperio Romano como una fortaleza gigante que empieza a agrietarse por todas partes. A partir del siglo IV, Roma se enfrentó a su mayor crisis: pueblos extranjeros presionaban sus fronteras mientras el imperio se debilitaba desde dentro.
Los romanos llamaban "bárbaros" a todos los pueblos que vivían fuera de sus fronteras, especialmente a los que no hablaban latín. Este término significaba "extranjeros", pero también lo usaban de forma despectiva para decir "incultos" o "salvajes". Sin embargo, muchos de estos pueblos tenían culturas muy desarrolladas.
Los principales grupos que amenazaban Roma eran los pueblos germanos (como alanos, suevos, vándalos y francos) que venían del norte y este de Europa. También estaban los temibles hunos, nómadas guerreros de las estepas asiáticas que atacaban a otros pueblos, y diversas tribus del norte de África.
¡Dato curioso! Los germanos no odiaban a Roma, ¡la admiraban! Buscaban sus tierras fértiles, su buen clima y su riqueza.
La situación se volvió tan complicada que en el año 395, el emperador Teodosio dividió el Imperio Romano en dos partes: Occidente y Oriente. Cada parte tendría su propio emperador para defenderse mejor. Esta división cambiaría para siempre el destino de Europa.
El golpe final llegó en el año 476, cuando el jefe germano Odoacro depuso al último emperador romano de Occidente, Rómulo Augusto. Así terminó oficialmente el Imperio Romano de Occidente, mientras que el de Oriente sobrevivió mil años más como Imperio Bizantino.