Arte y arquitectura romanos: La revolución constructiva
Los romanos eran súper prácticos y no tenían problema en copiar las mejores ideas de otros pueblos. De los griegos tomaron los tres órdenes clásicos, pero de los etruscos aprendieron algo revolucionario: la técnica del arco.
Crearon dos nuevos órdenes arquitectónicos: el toscano (una versión simplificada del dórico con columnas lisas) y el compuesto (que mezclaba lo mejor del jónico y corintio). Lo genial es que podían combinarlos según les convenía para cada construcción.
El arco de medio punto fue su gran descubrimiento para superar las limitaciones griegas. Para construirlo usaban una estructura temporal de madera llamada cimbra, sobre la que colocaban las dovelas (bloques de piedra) hasta poner la dovela final que cerraba el arco.
Con las bóvedas (arcos prolongados) y su increíble opus caementicium (hormigón romano), podían levantar construcciones enormes con formas variadas. Sus templos tenían cuatro diferencias clave con los griegos: solo se veían bien desde la fachada principal, tenían columnas adosadas al muro, se construían sobre un podium elevado, y tenían una sola estancia interior.
¡Dato curioso! Para construir puentes en ríos, los romanos creaban recintos de madera, los rellenaban y bombeaban el agua para trabajar en seco. ¡Ingeniería pura!
































