Modelo Atómico de Bohr
Niels Bohr creó en 1913 un modelo que cambió nuestra visión del átomo. Su modelo planetario propone que los electrones giran alrededor del núcleo en órbitas circulares específicas, cada una con un nivel de energía determinado.
Lo más importante del modelo de Bohr es que los electrones solo pueden estar en ciertos niveles de energía, no en cualquier lugar. Cuando un átomo absorbe o emite energía, los electrones saltan de un nivel a otro, como si fueran escalones de una escalera.
Este modelo explicó perfectamente los espectros de emisión de los elementos, esas líneas de colores que vemos cuando calentamos diferentes sustancias. Sin embargo, tenía limitaciones para átomos más complejos que el hidrógeno.
Aunque la mecánica cuántica lo reemplazó después, el modelo de Bohr sigue siendo fundamental para entender la estructura atómica básica y es el que más se usa en bachillerato.
¡Dato interesante! Las luces de neón funcionan exactamente por este principio: los electrones saltan entre niveles y emiten colores específicos.
Principio de Pauli
El principio de exclusión de Pauli, propuesto por Wolfgang Pauli en 1925, establece una regla fundamental: dos electrones no pueden ocupar exactamente el mismo estado cuántico en un átomo. Es como decir que no puede haber dos personas con exactamente la misma dirección completa.
Los electrones son partículas fermiónicas, lo que significa que cada uno debe ser único en su combinación de números cuánticos. Esto explica por qué los elementos tienen configuraciones electrónicas específicas y propiedades químicas únicas.
Este principio es clave para entender por qué existen los diferentes elementos químicos y por qué cada uno tiene características particulares. Sin él, todos los electrones se amontonarían en el nivel más bajo de energía.
¡Analogía útil! Es como las butacas de un cine: cada electrón necesita su propio asiento, no pueden sentarse dos en el mismo sitio.