Primera impresión: Estructura y libertad
Nada se divide en tres partes bien diferenciadas que marcan el desarrollo de Andrea. La segunda parte abarca desde marzo hasta junio de 1940, cuando todo cambia para nuestra protagonista.
Esta sección arranca con una sensación liberadora: la marcha de tía Angustias significa el fin de la vigilancia constante y los sermones moralizantes. Por primera vez, Andrea puede respirar y moverse con libertad por Barcelona.
Lo más interesante es cómo el eje narrativo se desplaza del interior al exterior. Ya no estamos encerrados en el piso agobiante de la calle Aribau, sino que salimos a la Universidad, las calles del barrio gótico, la Vía Layetana donde vive Ena, y el estudio bohemio de Guíxols en la calle Montcada.
Fíjate: Esta parte termina con el primer baile fracasado de Andrea, marcando su iniciación frustrada en el mundo adulto.











