Contexto histórico y mentalidad medieval
Imagínate una sociedad dividida en tres grupos bien definidos: nobles que guerreaban, clérigos que rezaban y campesinos que trabajaban la tierra. Así era la Edad Media, que literariamente arranca con las jarchas del siglo X y se extiende hasta el XIV.
Lo más curioso es que tres culturas diferentes convivían pacíficamente en la península: cristianos, musulmanes y judíos. Esta mezcla cultural enriqueció enormemente las letras españolas.
La cultura se difundía por tres vías principales. Los monasterios guardaban el saber clásico y cristiano como auténticos tesoros. La ruta del Camino de Santiago traía las novedades culturales francesas. Y la famosa Escuela de Traductores de Toledo hacía de puente entre Oriente y Occidente.
El hombre medieval tenía una mentalidad teocéntrica: Dios era el centro de todo. Veía la vida terrenal como un simple tránsito hacia la eternidad, lo que explica el marcado carácter moralizador de la literatura de la época.
Dato curioso: Ya en el siglo XIV, autores como el Arcipreste de Hita empezaban a rebelarse contra esta visión tan austera y proclamaban sus ganas de vivir y disfrutar.






