Belleza, naturaleza y mitología: Los pilares del Renacimiento
La belleza femenina se describe mediante metáforas codificadas que todos los poetas utilizaban. El cabello era oro, los ojos soles o esmeraldas, las mejillas rosas, los labios coral y el cuello cristal. Esta convención creaba un ideal de belleza perfecto pero artificial.
El carpe diem ("aprovecha el día") invita a disfrutar de la juventud antes de que pase. Es el tema del famoso soneto "En tanto que de rosa y azucena" de Garcilaso, donde aconseja a una joven que goce de su belleza antes de que se marchite.
La naturaleza renacentista es el locus amoenus (lugar agradable): prados verdes, arroyos cristalinos, pájaros cantando. Los pastores idealizados viven en este paraíso bucólico que contrasta con la naturaleza hostil medieval.
Fray Luis de León (1527-1591) representa la poesía ascético-moral. Sus odas buscan la paz espiritual a través del contacto con la naturaleza, el estudio y la música. Su famosa "Vida retirada" alaba el "beatus ille" (feliz aquel) que vive apartado del mundanal ruido.
Para recordar: El Renacimiento idealiza todo: el amor, la naturaleza, la belleza... Es literatura de evasión que busca la perfección formal y temática.