Del Final de la República al Imperio de Augusto
Todo empezó con sangre en el Senado: el asesinato de Julio César marcó el fin de la República Romana. Este evento desencadenó la formación del segundo Triunvirato, que terminó cuando Augusto eliminó a sus dos colegas y se hizo con todo el poder.
Augusto fue muy astuto políticamente. Decía "no querer el poder" pero luego lo asumía, y afirmaba "respetar las instituciones republicanas" mientras concentraba todo el control en sus manos. En la práctica, Roma volvía a ser una monarquía, pero mantenía la apariencia republicana.
Durante el mandato de Augusto, Roma experimentó un crecimiento extraordinario y los ciudadanos se sentían seguros. Su muerte dio paso a la dinastía Julio-claudia, que incluiría a algunos de los emperadores más famosos (y infames) de la historia.
¡Ojo! Aunque parecía una república, el Imperio concentraba todo el poder en el emperador. Era una monarquía disfrazada.




