Despotismo Ilustrado y Conflictos Internacionales
El Despotismo Ilustrado fue la respuesta contradictoria de los monarcas absolutos a las nuevas ideas. Adoptaron reformas ilustradas manteniendo su poder absoluto, resumido en la frase "todo para el pueblo, pero sin el pueblo". Reyes como Federico II de Prusia, Catalina II de Rusia o Carlos III de España modernizaron la administración, abolieron la servidumbre, mejoraron la educación y fomentaron el comercio, pero sin permitir participación política real.
Esta contradicción hizo que el Despotismo Ilustrado fracasara y acabara conduciendo a las revoluciones liberales de finales del siglo XVIII.
En las relaciones internacionales del siglo XVIII imperó la idea del equilibrio de poder: evitar que un país ejerciera hegemonía sobre los demás. Esto determinó las cambiantes alianzas en los diversos conflictos.
La Guerra de Sucesión Española (1701-1714) tuvo una dimensión internacional (reparto de poder europeo) y nacional (modelo de Estado). Tras la muerte sin descendencia de Carlos II, se enfrentaron el candidato francés Felipe de Borbón y el austriaco archiduque Carlos.
Internacionalmente, la Gran Alianza de La Haya (Gran Bretaña, Austria, Prusia, Holanda) apoyaba al austriaco para evitar el aumento de poder francés, mientras Francia apoyaba a Felipe V. Nacionalmente, Castilla apoyó el modelo centralista borbónico, mientras la Corona de Aragón defendió el modelo pactista austriaco que respetaba sus fueros tradicionales.
Consecuencias duraderas: Los Tratados de Utrecht (1713) y Rastadt (1714) reconocieron a Felipe V como rey español, pero España perdió Gibraltar, Menorca y sus territorios europeos, marcando el fin de su hegemonía continental.