El Antiguo Régimen: Un mundo de privilegios
Imagínate vivir en una sociedad donde tu futuro estaba decidido desde el momento en que nacías. Así funcionaba el Antiguo Régimen, un sistema que dividía a la gente entre privilegiados (clero y nobleza) y no privilegiados (el tercer estado).
Los privilegiados no pagaban impuestos y ocupaban todos los cargos importantes, mientras que el resto de la población se partía el lomo trabajando y pagando hasta el último céntimo. Este sistema se mantuvo durante los siglos XVI, XVII y XVIII en toda Europa.
El poder real evolucionó a lo largo de estos siglos. En el XVI tenían monarquías autoritarias, en el XVII llegaron las monarquías absolutas (donde el rey era representante de Dios en la Tierra), y en el XVIII apareció el despotismo ilustrado con el lema "todo por el pueblo pero sin el pueblo".
💡 Dato clave: Luis XIV de Francia, el famoso "Rey Sol", es el ejemplo perfecto de monarca absoluto. Financiaba su gobierno con impuestos excesivos y controlaba ejércitos, diplomáticos y jueces.
La economía: Todo giraba en torno a la tierra
La agricultura era la base de todo. Tener tierras no solo te daba dinero, sino prestigio social. Entre el 80-90% de las tierras pertenecían a nobles que ni siquiera las trabajaban - se las alquilaban a campesinos a cambio de una renta fija.
La industria apenas existía y se organizaba en gremios que aún no conocían conceptos como beneficio o competencia. En el campo, las mujeres manufacturaban productos como la lana en sus casas.
El comercio se concentraba en grandes ciudades y zonas costeras, pero estaba lleno de trabas: aduanas interiores, peajes, impuestos por cada pieza... Aun así, permitió que la burguesía empezara a enriquecerse poco a poco.