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El reinado de Isabel II abarca uno de los períodos más turbulentos de la historia española del siglo XIX. Este tema es fundamental para entender cómo España evolucionó desde una monarquía absolutista hacia un sistema liberal moderno.

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El reinado de Isabel II abarca uno de los períodos más turbulentos de la historia española del siglo XIX. Este tema es fundamental para entender cómo España evolucionó desde una monarquía absolutista hacia un sistema liberal moderno.

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Como Isabel II era solo una niña cuando heredó el trono, necesitaba regentes que gobernasen por ella. Esta etapa estuvo marcada por intensos conflictos políticos y la guerra carlista.
La regencia de María Cristina comenzó con reformas tímidas como la división provincial de Javier de Burgos. El Estatuto Real de 1834 fue una carta otorgada (no una constitución) que estableció cortes bicamerales con sufragio muy limitado.
Los liberales se dividieron en moderados y progresistas, creando una tensión política constante. Mendizábal impulsó la desamortización de bienes eclesiásticos para financiar las guerras. La "Sargentada de La Granja" obligó a proclamar la Constitución de 1812, aunque después se aprobó la Constitución de 1837.
Dato clave: La Constitución de 1837 estableció la soberanía nacional, libertad de prensa y ayuntamientos elegidos por los vecinos.
Espartero gobernó de forma autoritaria y aceleró la desamortización. Su decisión de bombardear Barcelona por defender el librecambismo le costó el apoyo progresista y acabó siendo derrocado por los moderados.

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La década moderada estuvo dominada por Narváez, quien aplicó un liberalismo conservador muy restrictivo. Se creó la Guardia Civil para mantener el orden rural, algo revolucionario para la época.
La Constitución de 1845 estableció la soberanía compartida entre rey y cortes, confesionalidad católica y recortes en las libertades individuales. Los alcaldes pasaron a ser nombrados por el gobierno central, limitando la autonomía local.
El concordato con la Santa Sede permitió que la Iglesia mantuviera el control educativo a cambio de aceptar las desamortizaciones pasadas. Esta negociación fue clave para estabilizar las relaciones con Roma.
Recuerda: El impuesto "de consumo" de Alejandro Mon gravaba productos básicos, afectando especialmente a las clases populares.
El bienio progresista llegó tras el pronunciamiento de O'Donnell en Vicalvaro. Espartero volvió al poder e impulsó la desamortización de Madoz y la primera Ley de ferrocarriles. La Constitución de 1856 nunca se aplicó por la inestabilidad política.

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El gobierno de la Unión Liberal con O'Donnell representó la etapa más estable del reinado. España vivió prosperidad económica gracias al boom ferroviario y protagonismo internacional, aunque sin grandes resultados prácticos.
El retorno de Narváez marcó el declive definitivo del sistema isabelino. Su autoritarismo extremo generó crisis continuas y represión brutal contra cualquier oposición política.
La Noche de San Daniel (1865) mostró la brutalidad del régimen al reprimir violentamente una manifestación estudiantil madrileña. La sublevación del cuartel de San Gil (1866) demostró que hasta el ejército se rebelaba contra Isabel II.
Momento decisivo: El Pacto de Ostende (1867) unió a unionistas, progresistas y republicanos con el objetivo común de derrocar a Isabel II.
La crisis financiera y de subsistencias se combinó con el desprestigio total de la reina. Todos estos factores convergieron para hacer inevitable la revolución que acabaría expulsando a Isabel II del trono en 1868.