El Trienio Constitucional (1820-1823)
El 1 de enero de 1820, el comandante Riego se pronunció con éxito en favor de la Constitución. Aunque inicialmente no obtuvo mucho respaldo, el apoyo posterior de otras guarniciones y campesinos obligó a Fernando VII a restablecer la Constitución de Cádiz y a convocar elecciones.
Este período se caracterizó por la agitación política permanente debido a la división entre los propios liberales. Los moderados eran partidarios de un gobierno fuerte, prensa limitada y sufragio censitario, mientras que los radicales defendían el control parlamentario del gobierno y el sufragio universal.
Una segunda fuente de inestabilidad fue la actitud del rey, que mantuvo ministros absolutistas, se enfrentó constantemente a las Cortes y vetó numerosas leyes. Fernando VII nunca aceptó realmente el régimen constitucional.
Las reformas del Trienio fueron importantes pero problemáticas. La reforma agraria benefició más a los propietarios que a los campesinos, que acabaron decepcionados. La política religiosa estuvo marcada por el anticlericalismo: se obligó a los clérigos a jurar la Constitución, se suprimió la Inquisición y la Compañía de Jesús.
El final del Trienio: Las potencias europeas decidieron intervenir militariamente. Los "Cien mil hijos de San Luis" entraron en España en abril de 1823, y en octubre el rey recuperó su poder absoluto.