La Primera Guerra Carlista: Tradición contra Liberalismo
La Primera Guerra Carlista (1833-1840) no fue solo una disputa dinástica. Fueron dos modelos de España enfrentándose a muerte. Los carlistas defendían "Dios, Patria y Rey": Iglesia vertebradora, Antiguo Régimen y sistema foral. Su apoyo venía del mundo rural, clero, pequeña nobleza y artesanos.
Los isabelinos representaban el liberalismo y las reformas. Contaban con alta nobleza, burguesía, parte del clero y las ciudades. Entre los carlistas había transaccionistas (dispuestos a pactar) e intransigentes o apostólicos (guerra hasta el final).
La guerra se concentró en el Norte de España: Navarra, País Vasco, Aragón y Valencia. Los carlistas crearon un pequeño Estado con ejército, moneda y administración propia. Las partidas armadas hostigaban constantemente a las tropas isabelinas.
El momento crítico llegó en 1836-1837 con las expediciones carlistas que llegaron hasta Andalucía y Madrid. Pero el poco apoyo fuera del Norte y las victorias del general Espartero debilitaron el carlismo. En 1839, el Convenio de Vergara entre Espartero y Maroto puso fin a la guerra: Isabel como reina, reintegración de carlistas al ejército y mantenimiento de fueros.
¡La guerra que definió el siglo XIX! El enfrentamiento entre tradición y modernidad marcó la política española durante décadas. Los fueros vascos y navarros sobrevivieron como premio de consolación.