Crisis del Siglo XVII
El Conde-Duque de Olivares, valido de Felipe IV, intentó mantener la hegemonía mediante centralización. Su proyecto de Unión de Armas buscaba unificar hacienda y ejército de todos los territorios de la monarquía.
Esta política provocó graves rebeliones. Cataluña se rebeló en 1640, llegando a aceptar la soberanía francesa hasta su rendición y la Paz de los Pirineos (1659). Portugal logró la independencia con Juan IV como rey, consolidándose en 1668.
La derrota en la batalla de Rocroi (1643) y el Tratado de Westfalia (1648) certificaron el fin de la hegemonía española en Europa. También hubo intentos de secesión en Andalucía, Navarra, Aragón y Nápoles.
Los Decretos de Nueva Planta de Felipe V castigaron a los territorios que no apoyaron su reinado. Valencia (1707), Aragón (1711), Mallorca (1715) y Cataluña (1716) perdieron fueros, instituciones y leyes propias.
Solo País Vasco y Navarra conservaron sus fueros por apoyar a Felipe V. Se estableció la uniformidad política y jurídica, desapareciendo la Corona de Aragón.
💡 Consecuencia clave: Estos decretos crearon el modelo de Estado centralista que caracterizaría España hasta las autonomías actuales.