La Guerra de Independencia y el gobierno de José I
La España de finales del siglo XVIII era todavía una sociedad dominada por señores feudales. A pesar de los intentos reformistas del absolutismo ilustrado, problemas estructurales como el déficit de Hacienda y las crisis de subsistencia seguían sin resolverse.
La Revolución Francesa y la posterior intervención napoleónica agudizaron las contradicciones de esta sociedad en crisis. El punto álgido llegó en 1808, cuando estalló una guerra con múltiples dimensiones: patriótica contra las tropas napoleónicas, civil entre los partidarios de José I y sus opositores, y también internacional.
Tras la abdicación de Carlos IV en favor de Fernando VII en el Motín de Aranjuez, Napoleón consiguió atraer a padre e hijo a Bayona, donde les obligó a abdicar en su favor para luego ceder la corona a su hermano José Bonaparte. Para legitimar su gobierno, José I promulgó el Estatuto de Bayona, un texto con cierto tinte liberal que no llegó a aplicarse debido a la guerra.
⚡ ¡Dato clave! La Guerra de Independencia no fue solo un conflicto contra un invasor extranjero, sino también una guerra civil entre españoles con distintas visiones del futuro del país.
Los afrancesados (partidarios de José I) eran principalmente funcionarios y reformistas ilustrados que, por pragmatismo o convicción, apoyaron al nuevo régimen. Mientras tanto, en los territorios no ocupados por los franceses se formaron Juntas Provinciales que asumieron la soberanía en nombre del rey ausente, y que acabaron constituyendo la Junta Central Suprema.
La guerra cambió definitivamente a favor de los españoles en 1812, cuando Napoleón tuvo que retirar tropas para la campaña de Rusia. El general Wellington, con tropas británicas, portuguesas y españolas, derrotó a los franceses en Arapiles, iniciando su retirada. Tras las decisivas batallas de Vitoria y San Marcial, Napoleón devolvió la corona a Fernando VII mediante el Tratado de Valençay en 1813.











