La romanización de Hispania
La romanización fue el proceso por el que Roma convirtió a los hispanos en ciudadanos del Imperio. No se conformaron con conquistar: querían que pensáramos, habláramos y viviéramos como romanos. Y lo consiguieron.
Políticamente, crearon una red de ciudades conectadas por calzadas como la Vía Augusta. Las ciudades seguían el modelo romano con su cardo y decumano, foros, teatros y termas. Si has estado en Mérida o Tarragona, has visto cómo vivían.
La economía se basaba en explotar nuestras riquezas para Roma: agricultura latifundista (el famoso trigo, vid y olivo), minería intensiva (las Médulas en León son espectaculares) y comercio por todo el Mediterráneo.
Socialmente, mezclaron población local con colonos romanos. El ejército fue clave: servir en las legiones te daba la ciudadanía romana, que era como sacarse la lotería. En 212 d.C., Caracalla dio la ciudadanía a todos los habitantes libres del Imperio.
Culturalmente impusieron el latín (origen de nuestro castellano), el Derecho romano (base de nuestras leyes) y el arte imperial. Al principio cada uno tenía sus dioses, pero al final triunfó el cristianismo.
Curiosidad: Hispania dio tres emperadores a Roma: Trajano, Adriano y Teodosio.