El Antiguo Régimen: Un mundo de desigualdades
Imagínate vivir en una sociedad donde tu futuro dependía únicamente de la familia en la que nacieras. Así era la vida en el Antiguo Régimen del siglo XVIII, un sistema que parecía inamovible pero que estaba a punto de explotar.
La sociedad se dividía en tres estamentos muy desiguales. En la cima estaban la nobleza y el clero, que poseían la mayoría de las tierras y no pagaban impuestos. Mientras tanto, el tercer estado (campesinos y burgueses) cargaba con todos los impuestos y trabajos gratuitos, a pesar de ser la mayoría de la población.
La economía era principalmente agraria y de subsistencia. Las tierras nobles eran mayorazgos (no se podían dividir) y las del clero eran bienes de manos muertas (no se podían vender). Cuando fallaban las cosechas, llegaban las hambrunas y la gente moría de hambre.
El poder político se concentraba en la monarquía absoluta: el rey tenía todos los poderes y se creía que Dios le había dado esa autoridad. En economía aplicaban el mercantilismo, pensando que un país era más rico cuanto más oro y plata tuviera.
Dato curioso: La movilidad social era casi imposible, excepto si te hacías religioso. ¡Era la única manera de "subir" en la sociedad!






