El Absolutismo Monárquico
El absolutismo fue el sistema político dominante donde el rey ostentaba, teóricamente por delegación divina, el poder único y supremo del Estado. Sin embargo, la realidad era más compleja de lo que parece.
La monarquía absoluta estaba limitada por varios factores: la resistencia de poderes locales (nobles y gobiernos municipales), la falta de control eficaz sobre las tareas de gobierno, y la necesidad de contar con asambleas representativas en muchos casos.
Para gobernar eficazmente, los reyes desarrollaron dos estrategias principales. Primero, aumentaron el control sobre sus territorios creando nuevos funcionarios. Segundo, cooperaron con quienes ya tenían poder, manteniendo la autonomía de señores, Iglesia y gremios.
¡Atención al examen! El despotismo ilustrado fue una evolución del absolutismo que aplicó reformas basadas en ideas ilustradas, pero sin cambiar la estructura fundamental del poder.