El contexto de las unificaciones europeas
¿Te imaginas Europa dividida en decenas de pequeños estados? Así estaba la situación tras el Congreso de Viena en 1815. Italia se encontraba fragmentada en siete estados independientes, mientras que Alemania estaba dividida en 41 territorios soberanos dentro de la Confederación Germánica.
El período entre 1848 y 1870 marcó un cambio radical en los movimientos nacionalistas. Ya no era necesario ser demócrata o revolucionario para crear un estado unificado; bastaba con ser nacionalista. Este cambio de mentalidad fue clave para entender cómo se desarrollaron ambos procesos.
Italia quedó repartida entre el Reino de Piamonte-Cerdeña, territorios bajo control austriaco (Lombardo-Véneto), ducados bajo influencia austriaca, los Estados Pontificios y el Reino de las Dos Sicilias. Esta fragmentación dificultaba el comercio y el desarrollo económico de la península.
Dato clave: Austria era la potencia dominante en Italia del norte, controlando directamente algunos territorios e influyendo en la política de otros estados.







