La romanización y el legado romano en Hispania
La romanización transformó completamente la península Ibérica, ¿pero sabes qué aspectos de nuestra cultura actual provienen de aquella época? El proceso de romanización fue más intenso en la costa mediterránea que en el interior y norte peninsular, pero su impacto fue profundo y duradero.
La administración territorial romana fue evolucionando con el tiempo. Inicialmente dividieron Hispania en dos provincias (Citerior y Ulterior), luego en tres (Tarraconense, Bética y Lusitania) y finalmente, bajo Diocleciano, en seis provincias agrupadas en la "diocesis hispaniarum".
La economía hispana bajo el dominio romano se basó en la explotación de recursos naturales. Las minas de oro (Las Médulas), plata y mercurio (Almadén) fueron vitales para Roma. La agricultura mediterránea (trigo, vid y olivo) y productos como el garum (salsa de pescado) eran muy apreciados. Todo esto funcionaba gracias a mano de obra esclava, frecuentemente proveniente de pueblos rebeldes hispanos.
El urbanismo romano dejó una huella imborrable. Las ciudades seguían un trazado en cuadrícula con dos calles principales (cardo y decumano) y contaban con impresionantes infraestructuras como acueductos, termas, teatros, anfiteatros y foros. Estas obras públicas, junto con la extensa red de calzadas como la Vía Augusta o la Vía de la Plata, facilitaron el comercio y las comunicaciones.
💡 ¡Fíjate en esto! El latín, el derecho romano y el cristianismo (tras ser adoptado como religión oficial) son tres elementos de la romanización que siguen siendo fundamentales en nuestra sociedad actual.
La herencia cultural romana es inmensa. El latín es el origen del castellano y otras lenguas romances. El derecho romano sigue siendo la base de nuestro sistema jurídico. En cuanto a la religión, tras siglos de persecuciones, el emperador Constantino permitió el cristianismo, y Teodosio lo proclamó como religión oficial y única del imperio.