La huella andalusí: comienzo de la Edad Media
El poderoso Imperio Romano había unificado todo el Mediterráneo (el mare nostrum o "nuestro mar") bajo una misma cultura, leyes, moneda y lengua. Esta gran unidad política facilitaba los intercambios comerciales gracias a una extensa red de ciudades y calzadas que conectaban todo el territorio.
Sin embargo, en el año 395, el emperador Teodosio I dividió el imperio en dos partes: el Imperio Romano de Occidente (gobernado por Honorio desde Roma) y el Imperio Romano de Oriente (gobernado por Arcadio desde Constantinopla). Esta división fue el primer paso hacia su fragmentación.
A principios del siglo V, los hunos, un pueblo bárbaro procedente de Asia y dirigido por Atila, comenzaron a invadir el Imperio Romano de Occidente. Estos nómadas eran hábiles guerreros y jinetes expertos con el arco. Simultáneamente, varios pueblos germánicos (visigodos, francos, alanos, vándalos, suevos) que vivían al otro lado de los ríos Rin y Danubio, entraron masivamente en el imperio buscando refugio.
💡 ¿Sabías que...? El temido Atila y sus hunos nunca pudieron conquistar Constantinopla gracias a sus imponentes murallas, lo que permitió que el Imperio Romano de Oriente sobreviviera varios siglos más que el de Occidente.




























