Las Islas Baleares en el Siglo XVIII
Las Baleares vivieron intensamente la Guerra de Sucesión. Inicialmente fieles a Felipe V, la intervención de la flota anglo-holandesa (1706) provocó la rebelión pro-austriaca. Mallorca y las Pitiusas se unieron al archiduque Carlos, mientras Menorca quedó bajo dominio británico hasta 1802.
Tras la capitulación ante los franceses (1715), el Decreto de Nueva Planta transformó radicalmente las islas. El Gran y General Consejo fue sustituido por la Real Audiencia, presidida por el Capitán General, siguiendo el modelo centralista castellano.
La agricultura dominaba la economía balear, pero sufría continuas crisis de subsistencia. La baja productividad cerealística obligaba a importar constantemente alimentos, creando una dependencia peligrosa del exterior.
La sociedad isleña mantenía la típica estructura estamental: la gran propiedad nobiliaria concentraba poder político y económico, mientras surgía una incipiente clase media de arrendatarios. La mayoría de la población seguía siendo jornaleros y "missatges" dependientes del trabajo asalariado.
Curiosidad Menorca desarrolló características especiales por su dominio británico, que la convirtió en un laboratorio de intercambio cultural anglo-mediterráneo.