El Conde-Duque de Olivares: Reformas desesperadas
Cuando Felipe IV llegó al trono, España ya no era la superpotencia de antes. Su valido (algo así como un primer ministro con superpoderes), el Conde-Duque de Olivares, tenía un plan ambicioso para recuperar la grandeza perdida.
Su programa se basaba en dos pilares: la reputación (recuperar el prestigio internacional) y la reformación (fortalecer internamente la monarquía). Para conseguir lo primero, reanudó la guerra contra Holanda, lo que acabó provocando la devastadora Guerra de los Treinta Años.
Su proyecto estrella fue la Unión de Armas: crear un ejército financiado por todos los reinos según su población y riqueza. La idea era genial en teoría, pero en la práctica significaba que Cataluña y Aragón tendrían que pagar por las guerras de Castilla.
La Guerra de los Treinta Años (1618-1648) empezó como un conflicto religioso alemán pero se convirtió en una guerra europea total. España defendía la visión tradicional (Europa unida por la fe católica), mientras que Francia, Suecia y Holanda apostaban por un nuevo orden basado en estados nacionales independientes.
Consecuencia clave: La Paz de Westfalia (1648) reconoció la independencia de Holanda y convirtió a Francia en la nueva potencia europea. España había perdido definitivamente su hegemonía.