La Hispania Romana
La conquista romana comenzó durante la Segunda Guerra Púnica, pero no fue nada fácil. Los romanos tardaron siglos en controlar toda la península porque se enfrentaron a una resistencia feroz.
Las guerras lusitanas tuvieron como héroe a Viriato, que se convirtió en una pesadilla para Roma. Después vinieron las guerras celtíberas, donde Numancia resistió hasta el final, y finalmente Augusto tuvo que conquistar a cántabros y astures en el norte.
¿Por qué tanto empeño? Porque Hispania era una mina de oro literal: tenía recursos mineros increíbles, tierras fértiles y una posición estratégica perfecta para controlar el Mediterráneo occidental. Los romanos dividieron el territorio en provincias que cambiaron varias veces: primero dos (Citerior y Ulterior), después tres, y al final seis provincias diferentes.
¡Dato curioso! La romanización de Hispania fue tan exitosa que algunas ciudades españolas como Mérida (Emerita Augusta) o Zaragoza (Cesaraugusta) conservan sus nombres romanos hasta hoy.


































