Crisis del imperio y legado cultural romano
A partir del siglo III d.C., el imperio romano comenzó a resquebrajarse por problemas económicos, políticos y militares. La escasez de esclavos (al acabarse las guerras de conquista) encareció la producción, mientras que la inestabilidad política y los ataques de pueblos germánicos debilitaron las instituciones.
En 395 d.C., el emperador Teodosio I dividió el imperio entre sus dos hijos: Occidente para Honorio y Oriente (Bizancio) para Arcadio. El Imperio de Oriente sobreviviría hasta 1453, cuando los turcos conquistaron Constantinopla.
Pero Roma nos dejó un legado cultural impresionante que perdura hasta hoy. El latín se impuso sobre todas las lenguas locales y dio origen a nuestro castellano. Autores hispanos como Séneca y Marcial destacaron en la literatura latina.
El derecho romano regulaba tanto las relaciones privadas como las instituciones políticas, sentando las bases de nuestro sistema jurídico actual. En cuanto a la religión, tras el Edicto de Milán (313 d.C.), el cristianismo se extendió por toda Hispania y se convirtió en religión oficial con Teodosio I en 380 d.C.
Esta asimilación cultural romana fue tan profunda que, incluso después de la caída del imperio, sus instituciones, lengua, derecho y religión siguieron siendo la base de la civilización peninsular.
Herencia actual: El latín, el derecho romano y el cristianismo siguen siendo pilares fundamentales de nuestra cultura occidental 1600 años después.