La Constitución Americana y el Inicio de la Revolución Francesa
La Constitución de 1787 creó un sistema federal con separación de poderes que influyó en todo el mundo. A diferencia del sistema parlamentario británico, Estados Unidos estableció una república federal presidencialista con sufragio censitario y soberanía nacional.
Mientras tanto, Francia vivía una crisis múltiple que desembocaría en revolución. La crisis financiera causada por las guerras, las malas cosechas que elevaron el precio del pan, y la resistencia de los privilegiados a pagar impuestos crearon una situación explosiva.
Las causas sociales incluyeron el enfrentamiento entre la burguesía, que quería participar en política, y la nobleza que defendía sus privilegios. Las ideas ilustradas y el ejemplo americano proporcionaron las bases ideológicas para el cambio.
En 1789, la convocatoria de los Estados Generales fracasó por el sistema de votación por estamentos. El 14 de julio, la toma de la Bastilla marcó el inicio de la Revolución Francesa, mientras la Asamblea Nacional se proclamaba en el Juego de la Pelota.
Momento clave: La Declaración de Derechos del Hombre y del Ciudadano estableció principios universales que aún rigen nuestras sociedades.
La monarquía constitucional (1789-1792) intentó reformar el sistema, pero la radicalización llevó a la ejecución de Luis XVI en 1793.