Unión dinástica e inicios del reinado
El matrimonio entre Isabel de Castilla y Fernando de Aragón permitió la unión dinástica de ambas coronas, aunque cada una conservó sus instituciones, sistema monetario y normas jurídicas. Este modelo, inspirado en la Corona de Aragón, mantuvo la autonomía de los territorios pero consiguió una acción unificada en política exterior.
Los inicios del reinado fueron turbulentos. Tras la muerte de Enrique IV, se desató una guerra civil por la sucesión al trono de Castilla. Isabel había sido reconocida como heredera mediante el Pacto de los Toros de Guisando (1468), pero su matrimonio secreto con Fernando provocó que Enrique IV nombrara a Juana la Beltraneja como sucesora. El conflicto enfrentó a Isabel (apoyada por parte de la nobleza, las ciudades y Aragón) contra Juana (respaldada por otro sector nobiliario y Portugal).
La victoria de Isabel se selló tras la batalla de Toro y el posterior Tratado de Alcaçobas (1479), que la reconoció como reina de Castilla. A partir de entonces, el centro de poder de la monarquía se desplazó hacia Castilla por ser un territorio más extenso, poblado y económicamente dinámico que la fragmentada Corona de Aragón.
💡 ¿Sabías que? Aunque hablamos de "unión", cada reino mantuvo su independencia administrativa. Este modelo de estado compuesto permitía gobernar territorios diversos respetando sus particularidades, algo revolucionario para la época.







