El inicio de la Revolución francesa
Imagínate vivir en un país donde solo unos pocos tienen todos los privilegios mientras tú pagas impuestos por todo. Eso era Francia a finales del siglo XVIII, y la gente ya estaba harta del Antiguo Régimen.
La cosa explotó por tres razones principales. Primero, el descontento social era brutal: la burguesía tenía pasta pero no poder político, mientras los campesinos se dejaban la vida trabajando para pagar impuestos al rey, la Iglesia y los nobles. Segundo, la crisis económica tenía al país con el agua al cuello por las malas cosechas y porque la Hacienda Real estaba en números rojos. Los ricos no pagaban impuestos, pero el pueblo sí.
Las ideas ilustradas también metieron leña al fuego. Conceptos como libertad, igualdad y derechos humanos sonaban genial comparados con la realidad de la época. El rey Luis XVI perdió el apoyo hasta de su propia gente cuando empezaron a cuestionar su autoridad divina.
En mayo de 1789, el rey convocó los Estados Generales para intentar arreglar el desastre económico. Pero el sistema de votación era una trampa: nobleza y clero siempre ganaban con sus dos votos frente al uno del pueblo. El Tercer Estado dijo "hasta aquí" y formó su propia Asamblea Nacional, jurando en la Sala del Juego de Pelota que no se disolverían hasta crear una Constitución.
¡Dato curioso! El Tercer Estado representaba al 98% de la población francesa, pero solo tenía un voto de tres en los Estados Generales.



























