La Monarquía Visigoda: De Invasores a Gobernantes
Todo empezó en el año 409, cuando varios pueblos germánicos (suevos, alanos y vándalos) invadieron la península como una avalancha. Pero aquí viene lo curioso: el emperador romano hizo un trato con los visigodos para que les echaran una mano a cambio de tierras en el sur de Francia.
Los visigodos cumplieron su parte del trato de maravilla. Expulsaron a vándalos y alanos hacia el norte de África y arrinconaron a los suevos en lo que hoy es Galicia. Parecía que todo iba sobre ruedas hasta que en el 507 los francos les dieron la patada de Francia.
Sin más remedio, los visigodos se instalaron definitivamente en la península y pusieron su capital en Toledo. Así nació el reino visigodo que duraría más de 200 años.
¡Ojo al dato! La monarquía visigoda era electiva, no hereditaria. Esto significa que no siempre heredaba el hijo del rey, sino que se elegía al nuevo monarca.
El rey no gobernaba solo. Tenía el Aula Regia (su consejo de administración), duques y condes que controlaban provincias y ciudades, y los famosos concilios donde se decidían tanto temas religiosos como políticos. Era como un gobierno en equipo.
Formas de Vida: Del Imperio a la Aldea
La vida cambió un montón con los visigodos. Las grandes ciudades romanas se fueron vaciando poco a poco, el comercio se vino abajo y las actividades artesanales casi desaparecieron. La agricultura se convirtió en la actividad principal de casi todo el mundo.
La sociedad tenía una estructura muy clara: arriba estaban los nobles y clérigos, que tenían las tierras y los cargos importantes. Abajo, los campesinos, que podían ser libres o esclavos dependiendo de su suerte.
Lo más interesante es que los visigodos no impusieron su cultura a la fuerza. Al contrario, aceptaron la lengua, cultura y religión de la sociedad hispanorromana que ya existía. Fue como una fusión cultural que funcionó bastante bien.
Dato curioso: Los visigodos eran una minoría en su propio reino, por eso adoptaron las costumbres locales en lugar de imponer las suyas.
En el arte, los visigodos dejaron su huella construyendo pequeñas iglesias de piedra con el característico arco de herradura y grandes bóvedas. También destacaron muchísimo en orfebrería, creando joyas y objetos decorativos impresionantes que hoy podemos ver en museos.