Arte del siglo XVIII
El estilo Rococó dominó la primera mitad del siglo, caracterizándose por su elegancia, ligereza y temáticas frívolas o galantes. Destacan obras como "El columpio" de Jean Honoré Fragonard, donde una joven de vestido rosa simboliza la infidelidad, o "El tocador" de François Boucher, que refleja el gusto por los interiores lujosos y refinados.
Giovanni Battista Tiepolo sobresalió por sus frescos y obras religiosas como "Abraham y los tres ángeles". Canaletto se especializó en vistas urbanas detalladas como su famosa "Regata en el canal grande". Nicolas Lancret, con obras como "La Tierra", ejemplifica la preferencia por escenas de la vida cotidiana aristocrática.
A partir de mediados de siglo, surge el estilo Neoclásico como reacción a los excesos del Rococó, buscando recuperar la sobriedad y los valores del arte clásico. Jacques-Louis David, su máximo representante, creó obras con fuerte contenido político como "El juramento de los Horacios" y "El juramento del Juego de Pelota", que exaltan virtudes cívicas y republicanas.
En España, José de Madrazo cultivó el neoclasicismo con temas históricos como "La muerte de Viriato". Antón Raphael Mengs realizó retratos oficiales como el de Carlos III, mientras que Angelica Kauffmann, una de las pocas mujeres reconocidas, pintó temas mitológicos como "Ariadna abandonada por Teseo".
💡 La transición del Rococó al Neoclásico refleja perfectamente el cambio de mentalidad del siglo XVIII: de una sociedad aristocrática que valoraba el lujo y el placer a una nueva sensibilidad ilustrada que exaltaba la razón y la virtud cívica.