El absolutismo y el parlamentarismo
¿Te imaginas vivir bajo un rey que tuviera poder total sobre tu vida? Eso era exactamente el absolutismo, un sistema donde el monarca centralizaba todo el poder político y administrativo. Luis XIV de Francia fue el ejemplo perfecto de esto, consolidando un gobierno donde él tomaba todas las decisiones importantes.
Los reyes absolutistas justificaban su poder de dos maneras principales. Algunos, como Jacques Bossuet, decían que el poder venía directamente de Dios, mientras que otros como Thomas Hobbes argumentaban que era un pacto social necesario para mantener la paz. El resultado era el mismo: el rey controlaba el ejército, la hacienda y reducía el poder de parlamentos y cortes.
Inglaterra tomó un camino completamente diferente. Cuando los reyes Estuardo intentaron imponer el absolutismo, estalló una guerra civil donde los ejércitos parlamentarios de Oliver Cromwell derrotaron a la monarquía. Tras ejecutar al rey Carlos I y varios intentos de restauración, la Revolución Gloriosa de 1688 estableció definitivamente el parlamentarismo.
Dato clave: La Declaración de Derechos firmada por María II y Guillermo III limitó para siempre los poderes del monarca inglés y dio el control real al Parlamento.

































