Antropología: el ser humano dividido
Para Platón, somos seres duales: tenemos un cuerpo mortal que nos ata al mundo sensible y un alma inmortal que nos conecta con el mundo de las Ideas. Esta visión dualista marcó profundamente la cultura occidental.
El alma es una realidad intermediaria entre ambos mundos. Ha existido antes que el cuerpo y le sobrevivirá, siguiendo el ciclo de transmigración pitagórico. Su unión con el cuerpo es temporal y accidental, como una prisión que debe purificar.
Platón distingue tres partes del alma: la racional (inmortal, situada en el cerebro), la irascible (pasiones nobles, en el tórax, mortal) y la apetitiva (deseos corporales, en el vientre, mortal).
El mito del carro alado explica esta relación: el alma es como un carro donde el auriga (parte racional) debe controlar dos caballos, uno dócil (alma irascible) y otro rebelde (alma apetitiva).
💡 Visualízalo: El alma busca constantemente regresar a su lugar natural: el mundo de las Ideas.
Cuando el auriga pierde el control, el alma cae al mundo sensible y queda prisionera en un cuerpo, deseando siempre volver a contemplar las Ideas.