La virtud como conocimiento
La doctrina más radical de Sócrates es el intelectualismo moral: solo puede ser justo quien sabe qué es la justicia. Reduce la virtud al saber, inspirándose en los saberes técnicos - como solo quien sabe arquitectura puede ser arquitecto, solo quien sabe justicia puede ser justo.
Esta doctrina tiene implicaciones sorprendentes. Primero, nadie obra mal voluntariamente - el mal siempre es fruto de la ignorancia. Si realmente supiéramos qué es lo bueno, sería imposible hacer lo malo. No hay lugar para la culpa ni para la falta de autocontrol.
Segundo, el conocimiento moral es condición necesaria y suficiente para la virtud. No basta con saber qué está bien - quien lo sabe realmente, no puede evitar ser virtuoso. ¿Quién conociendo la relación entre virtud y felicidad elegiría ser malvado?
Su pretensión es racionalizar la conducta humana sometiéndola a normas fijas y universales, igual que los filósofos anteriores racionalizaron el cosmos. Sin virtud es imposible la felicidad - solo el hombre virtuoso puede ser verdaderamente feliz.
Esta doctrina excesivamente racionalista excluye los elementos irracionales del psiquismo humano. Platón intentará después corregir estos excesos, manteniendo que el conocimiento es parte esencial de la virtud, pero no la única.
Reflexión final: ¿Crees que conocer lo correcto garantiza hacer lo correcto? Tu experiencia personal probablemente te dará pistas sobre los límites de esta teoría.