La Ética Aristotélica: El Camino hacia la Felicidad
Imagínate que eres como una semilla con un potencial increíble esperando ser desarrollado. Aristóteles pensaba exactamente así sobre los seres humanos. Para él, todos tenemos potencia (nuestras capacidades) que debemos convertir en acto (realizarlas de verdad).
Lo que nos hace únicos como personas es nuestra capacidad racional, y la clave está en perfeccionarla. No es algo que pase de la noche a la mañana, sino que requiere desarrollar virtudes morales e intelectuales a través de nuestras acciones diarias.
La felicidad (eudaimonía) es el objetivo final de todo esto, pero ojo: no es solo estar contento un rato. Es una forma de vida completa que dura toda la existencia y requiere vivir en comunidad, tener ciertas condiciones básicas como salud y amigos, y sobre todo, actuar con excelencia.
💡 Recuerda: Para Aristóteles, la felicidad no es un sentimiento momentáneo, sino un estilo de vida basado en la virtud que se construye día a día.
La virtud (areté) se desarrolla mediante tres elementos clave: la praxis (actuar deliberadamente), la hexis (crear hábitos) y el ethos (formar nuestro carácter). Las virtudes éticas funcionan como el término medio entre dos extremos negativos - por ejemplo, ser valiente está entre ser cobarde y ser temerario.