El examen de poetas y artesanos
La investigación de Sócrates continúa con los poetas, de quienes esperaba aprender mucho. Sin embargo, se lleva una sorpresa: estos autores no saben explicar sus propias obras. Cualquier persona del público las interpreta mejor que sus creadores.
Sócrates concluye que los poetas escriben por inspiración divina, no por sabiduría racional. Como los profetas, dicen cosas hermosas e inteligentes sin entender realmente lo que están comunicando. El problema surge cuando, debido a este don, se creen expertos en todo lo demás.
Con los artesanos ocurre algo similar pero diferente: estos sí poseen conocimientos reales en sus oficios específicos, son verdaderamente hábiles en lo suyo. Pero el defecto está en que, por dominar una técnica, se creen sabios en todas las demás áreas, incluso en las más complejas.
Lección importante: Conocer una cosa no te convierte automáticamente en experto en todo lo demás.