Introducción a la inflamación: Tu sistema de defensa personal
La inflamación es básicamente la respuesta de tu cuerpo para eliminar todo lo que no debería estar ahí: microbios invasores, células muertas o cualquier cosa que pueda hacerte daño. Los protagonistas principales son los vasos sanguíneos y los leucocitos (glóbulos blancos), que trabajan juntos como un equipo de emergencias.
Existen dos tipos principales: la inflamación aguda (aparece rápido y dura pocas horas o días) y la inflamación crónica (se mantiene en el tiempo). Ya en el antiguo Egipto conocían los cuatro signos clásicos: rubor, tumor, calor y dolor, que al final limitan la función de la zona afectada.
Los estímulos que desencadenan la inflamación aguda son variados: infecciones (detectadas por receptores TLR en los leucocitos), necrosis tisular (muerte celular), hipoxia (falta de oxígeno que activa el factor VEGF), cuerpos extraños y reacciones inmunitarias excesivas.
¡Dato curioso! El experimento de Lewis demostró que tras una herida aparece primero una línea roja, luego eritema y finalmente una roncha. ¡Tu cuerpo sigue este patrón cada vez que te lesionas!











