El Viaje de los Alimentos: De la Boca al Estómago
Todo empieza en tu boca, donde tus dientes actúan como pequeñas trituradoras. La masticación no solo rompe los alimentos en trozos más pequeños, sino que aumenta la superficie para que las enzimas puedan trabajar mejor.
Mientras masticas, tus glándulas salivales liberan saliva que contiene amilasa, una enzima que ya empieza a descomponer los carbohidratos. Es como si tu cuerpo no pudiera esperar para comenzar la digestión.
La deglución es más compleja de lo que parece. Cuando tragas, tu cuerpo coordina perfectamente el cierre de la tráquea y la apertura del esófago para que el alimento llegue al lugar correcto. Los movimientos peristálticos del esófago empujan el bolo alimenticio hacia el estómago como una ola.
¡Dato curioso! Tu estómago puede expandirse hasta 20 veces su tamaño vacío. En el estómago, los alimentos se bañan en jugos gástricos con ácido clorhídrico y pepsina, que atacan especialmente a las proteínas. El resultado es el quimo, una mezcla semilíquida lista para el siguiente paso.



